"Nunca temas a las sombras. Sólo constituyen el indicio de que en algún lugar cercano hay una luz resplandeciente."
Ruth Renkel
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Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul. Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá “¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo”.
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
"Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó. ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo”.
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor. Un rato después sonó el timbre de la puerta…Era Julia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:
“Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?
Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!“
“¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo ensuciado de lodo”.
Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.
Acuérdate siempre: ¡Deja la ira secar!
Es curioso como un día decides hacer algo y luego simplemente se te olvida el porque lo hiciste en primer lugar, todas las excusas que se habían manifestado en tu mente desapareen en la nada dejando un vació y un pequeño sentimiento de conocido como: culpa, pero ¿qué es ser culpable?; antes de estas Vacaciones yo nunca habría siquiera imaginado hacer ni la mitad de las cosas que he llegado a hacer-
Es gracioso como eso me hace sentir culpable; no logro ni imaginar como los asesinos, ladrones y secuestradores logran vivir con ese sentimiento en su alma, ese remordimiento que ataca tus sentidos sin piedad, sin necesidad de pedir permiso, sin siquiera necesitar algo mas que un ligero error. Quiérase o no, es necesaria otra clase de ¿valentía?, no no es otra la palabra que busco, mas bien hay que ser bastante: cruel, despiadado, un tirano para lograr cometer crímenes como esos y vivir como se diría: con la consciencia tranquila.
Existimos seres que nos sentimos culpables por el más mínimo desaire hecho a los otros, mientras que admitimos las mayores humillaciones: “siempre el otro tiene justificación, en cambio nuestro comportamiento merece el castigo de la culpa”; porque en el fondo la culpa es el castigo expiatorio de un supuesto pecado realizado.- "me llamo imbécil, pero es que estaba borracho".- "le dije que fue comentario impertinente, pero creo que me he pasado porque estaba en un mal momento.."Los ejemplos son miles, pero el esquema es el mismo: nosotros no valemos nada, los demás tienen derecho a machacarnos, y siempre nuestra mente buscará una disculpa a la acción. Al contrario, la mas ínfima respuesta de defensa por nuestra parte siempre creemos que causará daño en el otro, y llevará aparejada el castigo, del que sólo nos liberamos sintiendo la culpa carcomiendo nuestras tripas.
Tengo esa extraña sensación de que algo saldrá mal. Ese pequeño escalofrio que recorre desde tus dedos hasta tu cabeza. Y te pone a pensar en porque las cosas no son perfectas y ya. En porque aunque todo parezca marchar bien hay algo apunto de caerse y hacerse pedazos ante tus ojos como si no fuera posible hallar la felicidad o mas allá: se tuviera que sufrir para ser feliz ¿es así?
Pues no le veo la lógica:
"sufrir para ser feliz, ser feliz para luego sufrir" es un circulo vicioso, una cadena que nos une a la vida; porque después de todo dolor simboliza vida. Algo anda mal, lo se puedo sentir el nacer del escalofrió...